El profesor Quero Arias aboga por un equilibrio entre indulgencia y moderación al evaluar el colapso o la vigencia del Derecho Internacional
El experto en Relaciones Internacionales imparte la conferencia ‘¿Un mundo sin Derecho Internacional?’ en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Granada en un momento de especial crisis global.

Con la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán recrudeciéndose y las fuertes tensiones entre países copando los titulares de todo el mundo, la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Granada celebró el 3 de marzo una conferencia dirigida precisamente a reflexionar sobre el orden internacional basado en normas y su salud actual.
Para ello, la Corporación invitó a un analista político con especialización en Relaciones Internacionales de modo que, según explicó el vicepresidente de la RAJYL de Granada, Diego Javier Liñán Nogueras, “pueda acercarse al Derecho Internacional con esos conocimientos, pero sin el desasosiego que sentimos los juristas cuando el derecho salta en pedazos por la violencia”. Se trata de Jordi Quero Arias, profesor Tenure-Track de Relaciones Internacionales de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, acompañado también en el acto por el presidente de la Academia, Rafael López Cantal.
El licenciado en Ciencias Políticas y doctor en Derecho comenzó su intervención, titulada ‘¿Un mundo sin Derecho Internacional?’, exponiendo su situación actual. “Estamos en un momento de una clara y visible contestación de algunas normas específicas de ese orden internacional y una mayor recurrencia al uso de la fuerza”, comentó, refiriéndose a aspectos como la caída del multilateralismo, la creciente deslegitimación de las organizaciones internacionales, la superposición de los intereses particulares de los estados sobre el interés colectivo o global o el retroceso global de los sistemas democráticos. Un escenario que, añadió, está desembocando en una “implosión del orden internacional desde dentro hacia fuera”, con Estados Unidos como principal instigador.
Sin embargo, el profesor e investigador defendió una postura de “centro radical” frente a las dos posiciones maximalistas que surgen ante este nuevo contexto mundial: aquella que vaticina el fin del Derecho Internacional y aquella que proclama la plena vigencia del sistema de normas internacional. Así, a partir de los principales argumentos esgrimidos por una y otra corriente, Quero Arias aportó otros para desacreditarlos uno a uno.
En este sentido, ante los postulados más fatalistas, el ponente recordó que la violación sistemática del Derecho Internacional -que sí es Derecho, insistió- es ejecutada sólo por tres de los 193 estados (EE.UU., Rusia e Israel) y sólo contra la prohibición del uso de la fuerza. Además, planteó la posibilidad de retroceder al estado previo de respeto del Derecho Internacional tras la salida de Trump del poder. En cuanto al planteamiento de que las normas internacionales no son capaces de hacer frente a la creciente complejidad de la globalización, el experto puntualizó que “las dificultades que pueda tener el Derecho para adaptarse a estas situaciones no inhabilitan su vigencia”.
Por otro lado, contra la segunda corriente, Quero Arias recordó que el hecho de que haya un grueso del Derecho Internacional que se sí cumple es un punto insostenible, como una sociedad donde la imposición de multas administrativas funcione perfectamente, pero no se persiga el asesinato. “El Derecho Internacional regula las relaciones entre estados y sólo es posible una vez que se soluciona lo importante”, advirtió, cuestionándose cuantas violaciones hacen falta para aceptar que una norma ha desaparecido. Tampoco admite el discurso de que el hecho de que los quebrantos se justifiquen en base al propio Derecho Internacional, ya que se trata sencillamente de una perversión del lenguaje, o el argumento histórico de que el Derecho Internacional es aún embrionario, pues no consiste en dirigirse hacia una redención final. Asimismo, denostó aquellos que dulcifican la situación actual al asegurar que el Derecho Internacional se ha violado más veces, alertando del peligro de llegar a un punto de ruptura, como el que se ha producido en los periodos más grises de la historia.
“Debemos ser más comedidos a la hora de dar por muerta una realidad histórica que dura dos siglos, pero también debemos ser menos indulgentes con sus fallos y con nosotros mismos a la hora de plantear unas posibilidades y nuevos futuros”, concluyó el profesor, aduciendo, como mecanismo frente al colapso, la necesidad de atender las peticiones razonables y legítimas de una mayor inclusión de determinadas voces en el sistema internacional actual.
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